jueves, 6 de octubre de 2011

Entre Negros, Blancos, Mestizos e Indios


Los imaginarios que se crearon acerca de las razas, la pureza de la sangre y las características de quien la tiene nos han perseguido siempre como nación desde los tiempos de la colonia. Aunque esa época es para nosotros ya lejana, nuestro subconsciente ha guardado esos códigos y con el paso del tiempo los ha venido modificando.
A los estereotipos de raza se le han sumado los estereotipos regionalistas; a pesar de buscar a través de todos los medios posibles la inclusión social como “Acciones afirmativas” y medidas constitucionales que existen en pro de la defensa y protección de la inclusión, el respeto y la tolerancia, los colombianos seguimos discriminando, marginando y excluyendo en todos los ámbitos sociales. Aunque no todos los estereotipos tienen connotación negativa el hecho de que existan va marcando cada vez más nuestra cultura, va generando discriminación y las personas que cuenten con una o más de estas características se verían cada vez más afectadas por la manera de tratarlos.
Probablemente algunas personas opinen que estas actitudes que tienen frente a otras personas no son para “hacerles daño” pero lo que realmente sucede es que hemos sido criados para ser únicos, mejores, y estar por encima del otro sin importar las condiciones en las que se encuentre la otra persona. En el ámbito económico es más fácil identificar la exclusión y las leyes han permitido esto argumentando la protección de otros derechos como: “Derecho al trabajo”, “Derecho a la propiedad privada” etc. No se nos hace extraño que un establecimiento diga “NOS RESERVAMOS EL DERECHO DE ADMISIÓN”, lo que yo diría en otras palabras “La ley nos permite discriminar quién entra y quién no para ganar más plata y prestigio por ser exclusivos”. Exclusividad es sólo otra palabra más que se usa para discriminar legal y abiertamente, pero el problema cultural es que nos encanta ser exclusivos, estar IN y no OUT, ¿dentro de qué y fuera de qué? ¿Dentro de la población materialista y superficial? ¿Dentro de las personas que siguen al líder como ovejas en un rebaño?
La diferenciación social es algo que en general a todos nos atrae, pero el problema no es únicamente querer general brechas sociales sino utilizar frases como “yo no soy negra como esa” o “no sea indio” que tienen una connotación negativa y peyorativa en contra de una raza en general, que no son SÓLO raza, sino que son personas como todos nosotros, pero hoy en día no es sólo la exclusión social por el color de piel, sino las representaciones sociales que les hemos dado a ellos, o mejor dicho los estereotipos que hemos creado con ellos.
El Indio: Perezoso y bruto, sólo sirve para trabajar la tierra. Y en tiempos modernos gracias a nuestro ex presidente todos unos “narcotraficantes” o cultivadores de drogas.
El Negro: Perezoso, rumbero, fresco, recostado. Se la pasa “mamando whisky o ron”. Generalmente asociado con trabajos no calificados como un obrero, un ruso, o un trabajo que requiera mucha fuerza pero no mucho intelecto.
Pero también aparecen los estereotipos por regiones (negativos):
Los Paisas: Aviones, tramposos, pandilleros.
Los Costeños: Corronchos, bochinchosos, toma trago. Y la frase: “Lo peor es tener vecinos costeños”
Los Boyacenses: Campesinos, brutos, lentos.
Pero, al igual que estas dos, permanecen discriminaciones y exclusiones sociales de otro tipo: De género, de clases, de estrato socio económico, entre otras. Ahora gracias a medidas como la determinación de las personas pobres como las que ganan $197.000 aumenta la brecha entre ser pobre y ser rico. De todos estos factores de discriminación se deriva la frase: “No hay nada peor que ser negro, mujer y pobre”
La exclusión social se da en todos los campos de la sociedad y muchas veces no se cumple una igualdad real y efectiva, el artículo 13 inciso 2 se queda como un parrafito más de nuestra Constitución Política Colombiana, esto únicamente afecta a aquellas personas que pertenecen a una raza o a un grupo social específico que por culpa de la generalización y de manera irónica son “igualados” a un imaginario negativo y por consiguiente marginados y maltratados físicamente y psicológicamente.

martes, 4 de octubre de 2011

Los niños en Colombia



“Los niños son el futuro”, “Son ellos a los que hay que proteger” y ¿por qué los seguimos poniendo en riesgo? Hace unos días estudiantes en el Tolima hicieron paro porque tienen que convivir con la Brigada Móvil 8 del Ejército a pocos metros de ellos lo cual los pone en riesgo inminente. Esos niños se encuentran, a la fuerza, en la mitad del conflicto entre las FARC y el Ejército; explosiones antes de la clase de ética y valores, o una balacera mientras entendemos el funcionamiento de la reproducción animal. ¿Qué es lo que estamos esperando? ¿Que una pipeta caiga sobre el colegio matando o dejando mal heridos a los aproximados 900 estudiantes del plantel? Es más, ¿Por qué desde un principio se permitió la construcción y establecimiento de esta brigada en las cercanías del colegio? ¿Estamos esperando un hecho desastroso como el de Bojayá? El Derecho Internacional Humanitario, al igual que nuestra constitución ha establecido la obligatoriedad de las autoridades para proteger, defender y no poner en riesgo a estos miembros de la sociedad que tienen una debilidad manifiesta, entonces lo que está escrito en los textos mencionados no son sino letra muerta, o es necesario que ocurra una calamidad para que cambie la situación. El semestre pasado me di cuenta que no siempre el Estado es culpable por hacer sino también por NO hacer, en caso de que algo suceda sí es responsabilidad del Estado ya que su presencia en el lugar hace a los estudiantes en un blanco casi seguro de los ataques.
El hecho de no retirar la base del lugar demuestra la importancia que se le da al riesgo que corren los menores en ese lugar. La solución podría ser reubicar el colegio pero no son ellos quienes deberían modificar su manera de vida, su cotidianidad para abrirle paso a una institución de guerra que es la que representa el riesgo. Claramente en un principio no debería existir conflicto y mucho menos atacar a la población, pero es una realidad cruel que vivimos en Colombia, y si aparte de los actores subversivos, las fuerzas armadas del gobierno también ponen en peligro a la población, no están cumpliendo su labor y estarían violando varios principios constitucionales, incluso no sólo de nuestra constitución sino los postulados en tratados internacionales que Colombia ha firmado y ratificado. Muchas veces los funcionarios ignoran ciertos artículos de la constitución como si fueran un grafiti más de las calles de Bogotá.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Cultura Constitucional

¿Es necesario una nueva constitución? ¿Es ésta nuestra respuesta a los problemas? Si un extraterrestre viniera a Colombia y leyera nuestro hermoso poema épico llamado “Constitución Política de Colombia” pensaría que la sociedad colombiana es una sociedad en la que no se le da espacio a las violaciones de derechos, en la cual todos somos iguales, libres, opinamos, votamos, nos casamos libremente, etc., pero cuando ve realmente cómo vivimos, las desigualdades, la intolerancia, la discriminación, la violencia en la que vivimos y no es únicamente el conflicto armado interno sino el nivel de agresividad sobre el cual hemos construido nuestra zoociedad, que a veces parece más una sUciedad.
La constitución en sí está bien, tiene todo lo que permitiría que una sociedad se estableciera con bases sólidas y prosperara, pero ¿qué ocurre entonces con Colombia? Hemos crecido con una cultura de intolerancia, de individualismo, egoísmos, (no falta la influencia del narcotráfico) y la lógica del avión como el dicho popular; “El vivo vive del bobo y el bobo de papá y mamá”. Nos falta cultura constitucional, apropiar como nuestros todos aquellos valores, derechos y deberes, estos no sólo como míos sino también de la persona con la cual interactúo. La violencia ha acompañado a Colombia durante muchos años y sin descanso alguno, nuestra historia política se marca por la violencia al igual que nuestra historia constitucional, y esto es ahora parte de nuestro chip interno como colombianos, llegamos a un punto en el que normalizamos el conflicto la guerra y el maltrato, vemos el maltrato a una mujer como necesario y no falta el machista que dice: “No la estoy maltratando, la estoy educando”, llega a ser tan sínico que puede añadir: “Igual se lo merecía”, si la parte del conflicto en Colombia no se ha resuelto es porque todavía seguimos justificando la guerra y el maltrato degradando cada vez más a las personas. A algunas personas hasta les parecía correcto que se recogiera a tanto “desechable” e hicieran “limpieza social”. ¿Cree usted que una persona llega a ser BASURA, o sencillamente ALGO  que puede botar a la basura, que se puede desechar como una servilleta usada o el papel con el que se ha limpiado el trasero luego de ir al baño? La degradación del ser, es un factor que, en psicología dirían, se hace para poder tratar a la persona como un objeto y así no tener carga moral por cualquier daño que se le pueda hacer. Los bajas en combate eran la gloria de este país, cuando se supo que los cuerpos no pertenecían a guerrilleros sino a civiles Colombia le puso la lupa al tema (un efímero vistazo). El extraterrestre al contrastar estos hechos con nuestro hermoso cuento de hadas no hallaría la conexión, pero no hallaría el error en el texto en sí, sino en algo intrínseco a la cultura, en la transformación de esas letras en realidades. La corrupción, la parapolítica, Yidispolítica y otras más demuestran que nuestras instituciones y mecanismos del gobierno, muchos de ellos con la función de protegernos están siendo permeados por los grupos armados ilegales, tanto  guerrillas como grupos paramilitares. Ahora están sirviendo para ellos para cumplir sus propósitos ilegales. La teoría de que nosotros elegimos a los titulares del poder político por medio de las elecciones es ahora una falacia más, en un país en el que la tasa de abstención supera el 40% y del –aproximado- 60% que si vota se sabe que no votan a consciencia ni por voluntad propia sino por coacción de terceros, o en muchos casos el fraude electoral (acá hasta los muertos votan). Acá cambiar la Constitución en sí no sería la respuesta, la legislación que se haga a partir de ella, la manera en que estas se hagan reales y prácticas, y en la medida que las personas vayamos modificando nuestra cultura si determina el cambio que se necesita en Colombia.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La Desigualdad Constitucional

Con la constitución del 86 se establecieron normas que hoy serían absurdas, en contra de los derechos humanos o sencillamente irracionales, con la constitución del 91 se logró remplazar ese modelo conservador con uno liberal garantista, pluralista y muchas más –istas, pero esas normas a pesar del cambio generaron esquirlas en la cultura colombiana, una cultura particular que incluso hoy en día vemos reflejada en las acciones y actividades cotidianas.
Puede que en la carta actual no esté permitida la esclavitud y se halla eliminado la figura “permitida” de la servidumbre, pero ¿cuántos de nosotros nos sentamos a almorzar en la misma mesa con la señora del aseo? Ninguno, o por lo menos no el 90% de los colombianos ya que consideramos a estas personas inferiores a nosotros. La discriminación y la diferenciación social permanecen en nuestra cultura a pesar de tener un artículo que versa:
“Artículo 13. Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica.
El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados.
El Estado protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o maltratos que contra ella se cometan”.
Al leer el artículo que nos ha acompañado durante estos últimos 20 años y sigo preguntándome si esa igualdad es únicamente ante la ley, ya que entre nosotros y con cierta ayuda del gobierno seguimos aumentando la brecha que hay entre clases sociales, esto agravado por el hecho de que el fenómeno de la discriminación se ha diversificado entre las distintas manifestaciones sociales, incluyendo la orientación sexual, el lugar del que provenga, la educación recibida, la institución que represente, el lugar donde viva, la ropa que use, de que equipo de fútbol hace parte entre muchos otros factores sociales.
El pasado 4 de septiembre de 2011 en el espacio de opinión del periódico El Tiempo Matador publicó una cruel pero real crítica al cambio de la definición de “Pobre” de un ciudadano colombiano, por medio de la cual se establecía que toda persona que tuviera más de  $187.079 mensuales no era considerado pobre.
En este sentido su condición económica (el de una persona con $187.079 mensuales) no sería una debilidad manifiesta ya que el gobierno considera que eso es suficiente para subsistencia de una persona, y esto acarrearía que el Estado no tiene la obligación constitucional de proteger a esas personas aun cuando esa cantidad de dinero sea claramente insuficiente para proveerle una vida digna a la persona. Contar con esa cantidad de dinero equivaldría a que la persona disponga de $6235 diarios o aproximadamente 3 dólares; lo que le cuesta un cappuccino a un joven en Londres es con lo cuenta un colombiano NO POBRE para sobrevivir un día. Si este individuo utilizara diariamente el transporte masivo más barato de la ciudad (bus o buseta) de sus $6235 diarios gastaría $2800 en transportes. ¿Cree que con $3435 pueda alimentarse de manera correcta? Del adagio popular que reza: “Desayunar como rey, almorzar como príncipe y cenar como mendigo” el colombiano NO POBRE deberá hacer las tres como mendigo.
Le propongo un ejercicio querido lector:
¿Piense en cuánto gasta usted en leche mensualmente, cuánto en servicios básicos?